(Romance) Por Héctor José Corredor Cuervo
En esta tierra tan bella tapizada de recuerdos se celebra una gran fiesta en homenaje de ancestros que talaron la montaña y recorrieron senderos trabajando con las mulas como modestos arrieros.
El cielo esta engalanado con sus mejores atuendos para recibir novatos que sueñan con ser los diestros en las faenas del campo usando lazos y rejos para sostener las cargas o llevar madera lejos. Las mulas están alegres en corrales y en potreros esperando a los osados que atiborrados de anhelos vienen a seguir los pasos de los valientes abuelos que lograron el prestigio con esfuerzo y con desvelos. Hoy se venden en las tiendas los carrieles, las muleras, los machetes con su vaina, los dados y la barbera; la yesca con los tabacos, los hilos, la agujetera para remendar los sacos en aprietos sin espera. La herrería esta provista con clavos, con escofina para proteger los cascos con una platina fina y así evitar los fracasos en una región andina donde caminos son malos y la maraña es dañina. En haciendas ya están listas las enjalmas y las cargas; las comidas preparadas para las jornadas largas en caminos sin las fondas y en situaciones amargas donde hay espinas benditas que aguijonean las almas. Mañana será otro día después de la gran hazaña cuando brille la alegría al dominar la montaña. Se recibirán diplomas como experto en sobrecargas, en aparejos y en mulas y en condiciones amargas. !OH!, que bello es ser arriero de grandiosa raza humana que colma todo el sendero de alegría americana cual lucero mañanero que aparece en la alborada y que da lumbre primero a esta patria colombiana. !Viva Colombia! ! Viva el arriero!A la patria no le pido nada, tan solo quiero seguir sirviendo con honor y honestidad hasta la muerte
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